Pero cuando al final llega el momento de que queremos compartir nuestra vida con alguien, es el momento de decidir.
Es bastante complicado en realidad, porque cada uno nos hace sentir una cosa.
Sobran razones para elegir a cualquier tipo de chico, pero luego en un momento de total y plena consciencia, nos atormenta la idea que nos viene a la cabeza, planteando un futuro.
Nos invade el desequilibrio, porque no es una decisión sencilla que salga a la primera ni a la segunda.
A veces obtenemos mas satisfacción en una charla larga y sincera, a corazón abierto; en la que expongamos toda nuestra personalidad sin máscaras ni caretas, que en un momento de placer con ese alguien que nos aloca nuestra plenitud mental.
Yo elijo al chico que me demuestre el valor que da al amor, que me valore por lo que soy y no por lo que quiere que sea, que me ofrezca más desequilibrio que problemas, porque para encontrar esos yo ya soy buena y finalmente alguien con quien pueda estar y que en verdad se un momento de amor puro y no placentero, porque para ese tipo de momentos ya hay muchos.

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