Me encuentro sola en este mar de nieblas y tinieblas.
La agonía no me deja levantar cabeza.
Hay gritos a mi alrededor que me desconciertan en mi camino, hacen perder mi coordinación. Tal vez fui demasiado ilusa al querer mantener a tantos.
Ahora son tan pocos...
Sueños, promesas de futuro.
Viajaremos, celebraremos, dormiremos juntos, tendremos, viviremos... nos morimos. No permanecemos nada más que un instante. Una fracción de segundo, el momento justo al que cierras los ojos y al abrirles ya no estás.
Todo desaparece con un terrible vaho de engaños. Mentiras que tal vez me hice creer yo misma.
Los que aún están ahí... ahora son tan pocos... pero ¿cuánto durarán? Esa incertidumbre me pesa. Y al llevarla encima fatiga mi sensatez y me vuelve loca y, y, y... me siento un viejo loco. He perdido tanto en tan poco... y ganado tan poco, en tanto tempo...
La hoguera se está apagando, y el frío vuelve a acechar mi persona, mi mente.
Los pocos que quedan han durado. Me alegro por ello, no es egoísmo pero cuando me encuentre nuevamente cansada, traicionada, herida. Cuando los demonios vuelvan a mi a reclamar mi alma vendida... ¿dónde estarán? ¿cuánto duraré?
Volveré a estar una vez más sola.
